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sábado, 10 de marzo de 2012

Cosas que debes saber antes de entablar amistad con un científico (II)


4. Si lo sacas con otros científicos, no será capaz de controlarse. Si sacar a un amigo científico siempre entraña sus riesgos, ten claro que si sales con una cohorte de científicos tienes unas altas probabilidades de terminar sufriendo el punto 3 (“Si le das la oportunidad, hablará de ciencia hasta que te arrepientas de haber nacido”, en Cosas que debes saber antes de entablar amistad con un científico (I)) en Dolby Surround. ¿Pensabas que el latín era una lengua muerta? Sal de excursión al campo con un grupo de científicos, que te vas a enterar. Y no creas que escoger un entorno menos amenazador va a salvarte: vete con ellos a tomar una inocente cerveza, y se pasarán horas discutiendo cómo incrementar la eficiencia de transformación de una bacteria con ADN, mientras a ti no te queda más que poner todo tu empeño en atragantarte con los frutos secos, a ver si entre el ataque de tos, que te hacen la maniobra de Heimlich para desincrustarte los cacahuetes de los alveolos pulmonares y que el camarero sugiere educadamente que cambiéis de bar hay una oportunidad de que surja un nuevo tema de conversación (a ser posible, uno que se refiera a seres de tamaño macroscópico, preferiblemente humanos). 

5. Hay ciertas películas/series de televisión que jamás debes ver con él. Olvida CSI, MythBusters y Bones; huye de “28 días después” o “El día de mañana”. O no lo hagas: tú puedes verlas, si quieres; sólo trata de mantener a tu amigo científico alejado de ellas. Si no lo haces, corres el riesgo de que sufra una reacción de hipersensibilidad que le haga: a) Reírse descontroladamente, o b) Enrojecer, apretar los puños y blasfemar, o c) Abrazarse a un cojín y sollozar sin consuelo señalando la pantalla. En el peor de los casos, podría llegar a escupir en el suelo de tu salón. Incluso en sus manifestaciones más leves, esta reacción de hipersensibilidad hará que tu amigo científico no pueda mantener la boca cerrada, y se vea obligado a indicarte, de forma sorprendentemente estentórea, todas y cada una de las imprecisiones o errores científicos que aparezcan en pantalla. Pese a que le supliques que deje de hacerlo. Y aún si se aplica con la mejor de sus voluntades a respetar tu voluntad, reconocerás que ha ocurrido algo que ha hecho saltar su detector de “garrafal-error-científico” cuando lo veas mirarte con ojos desorbitados, agitar los brazos y ponerse morado. Y no se le va a escapar una (si no, prueba a preguntarle a cualquiera de tus potenciales amigos científicos acerca de la archiconocida proteína Dalton de cincuenta kilos de CSI).

6. No le preguntes qué le pasa a tu gato / a tu planta / por qué te han salido esas manchitas blancas en las uñas. El científico no es omnisciente, y se ofenderá si asumes que debería poder responderte a una cuestión que no pertenece, estrictamente hablando, a su materia de estudio; si te despistas y lo haces, insensato, lo tendrás malhumorado el resto del día: más que probablemente, el no saber la respuesta le estará corroyendo las entrañas. Llegado este punto fatal, lo mejor que puedes hacer es compensar haciéndole una pregunta que realmente encaje en su disciplina; y, si desconoces cuál es (algo que jamás, jamás debes confesar abiertamente), siempre puedes probar a ponerle un capítulo de CSI y dejar que se desahogue. Después de eso, ya verás como soltar alocadamente las dichosas preguntitas es un error que sólo cometes una vez.


domingo, 12 de febrero de 2012

Cosas que debes saber antes de entablar amistad con un científico (I)

Esa es la verdad: los científicos somos diferentes. Y quiero aclarar que no estoy utilizando el término “diferente” como un piropo velado; es cierto en el sentido más literal de la palabra: si pones en fila a, digamos, a un oficinista, un profesor, un carnicero y un científico, el más raro va a ser el científico casi con total seguridad. Pero de todo tiene que haber, ¿no? Y también podemos ser adorables, a nuestra manera un poco excéntrica. Eso sí, para evitar desengaños, frustraciones e intentos de devolución, hay ciertos conocimientos previos indispensables para todo aquel que se esté planteando entablar una relación de amistad con un científico.
Luego no digáis que no os avisaron.

  1. Probablemente, la mayor parte de sus intereses queden fuera de los límites de tu imaginación. Y no pretendo decir que tu potencial amigo científico sea extremadamente sofisticado; una vez más, es estrictamente literal: tan sencillo como que hay ciertos aspectos de la vida que jamás habrías sospechado pudiesen resultar de interés para ningún ser humano en sus cabales, hasta que apareció él. Por ejemplo, podría mostrar un repentino y muy desmedido entusiasmo por: a) la araña que se ha instalado en el rincón de tu salón; b) la trayectoria que realizan las gotas de lluvia al resbalar por el parabrisas del coche; o c) la mata de pelos que ha crecido dentro del tupper que alguien olvidó en la nevera. Efectivamente, esos detalles que llaman su atención serán, en numerosas ocasiones, precisamente aquellos que los no-científicos deciden explícitamente ignorar; pero no se lo tomes en cuenta: entiende que está demasiado absorto como para percatarse de tu cara de asco.
Por supuesto, esta peculiaridad también se sufre en sentido inverso: si pretendes iniciar una conversación comentando las últimas anéctodas de la vida de Brangelina o señalando lo horrendo del estilo de la nueva colección primavera-verano, lo máximo que vas a obtener, probablemente, es un ladeo de cabeza y una mirada de incomprensión. Eso, si consigues que aparte la vista de la maldita araña.

  1. Tiene prioridades incomprensibles. Si pensabas que los locos del deporte o las madres primerizas eran monotemáticos, prepárate para la experiencia definitiva: el científico y Su Proyecto. El Proyecto de investigación de tu potencial amigo científico es su principio y su final y, por descontado, el único camino hacia el futuro que él conoce. El Proyecto es una fuente inagotable de frustraciones, alegrías y quebraderos de cabeza, y un sumidero continuo de tiempo y energía; es como un gigantesco parásito que retiene a tu amigo en el laboratorio, y que se las ha apañado para inducirle un muy efectivo síndrome de Estocolmo, el muy malvado. El Proyecto no le dará permiso para ir a tu barbacoa, hará que desaparezca inesperadamente de la comunión de tu hermana, y lo volverá incapaz hacer planes con más de dos horas de antelación. ¿Se ha olvidado de que tenía que asistir a su propia fiesta de cumpleaños? Culpa al Proyecto.
“Debe de ser algo importante”, te verás tentado a pensar en un principio, “Igual algún salva el mundo; o, aún mejor, le vale un Nobel”. Pero si le preguntas en qué consiste El Proyecto, y para qué va a servir, y cuándo, le verás azorarse, poner los ojos en blanco, y empezar a balbucear incomprensiblemente. Si esto ocurre, no le presiones demasiado: podrías producirle daños irreversibles.

  1. Si le das la oportunidad, hablará de ciencia hasta que te arrepientas de haber nacido. Un error muy común entre los principiantes amigos de científicos es mostrar un educado interés por su trabajo; sin embargo, aunque esto pueda considerarse una adecuada convención social en la mayoría de los casos, los riesgos que implica en esta situación particular la hacen no aplicable, bajo ningún concepto, a tu amigo científico. Si él intuye el menor indicio de debilidad (y en este sentido los científicos son como los perros, que huelen el miedo) no dudará en inmovilizarte y lanzarte una vehemente perorata sobre las maravillas de la ciencia de la que no sabrás como escapar. Llegado este momento, probablemente no te quede más alternativa que esperar a que se quede sin aire y pierda el conocimiento.
Nunca olvides que, afortunadamente, este tipo de formalismos es innecesario con tu potencial amigo científico: él está acostumbrado a que nadie sepa con exactitud a qué se dedica, así que generalizaciones del tipo “trabaja con ratones/bacterias/plantas” (o incluso el siempre acertado “trabaja en un laboratorio”) son suficientemente buenas para él, y le harán sentirse satisfecho de que tu conocimiento de su labor esté tan claramente por encima de la media. Esa frase bien soltada en el momento adecuado, y un fascinante tupper repleto de hongos, y lo tienes contento para una semana.


CONTINUARÁ…